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El silencio de los corderos

Por Raúl Rodríguez

También en este número

Martí vs. Fidel Castro

Hace tres años fue editado en España y se distribuyó además en México, EEUU, Costa Rica y otros países el duodécimo libro del escritor cubano Froilán Escobar González. Premiado en Cuba dos veces con el Premio Nacional de la Crítica por sus libros "Martí a flor de labios" y "La vieja que vuela" (1991 y 1993), profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad Federada de Costa Rica, publicó lo que los editores catalogaron novela histórica: Largo viaje de ceniza.

Se trata de un relato bastante pormenorizado de los primeros días que siguieron al desembarco de los expedicionarios del yate Granma, hasta el momento en que Eutimio Guerra es ultimado. Eutimio fue el campesino que encarnó para la historia, en la gesta de la Sierra Maestra, el espíritu de Judas Iscariote. Su traición es precisamente el eje central de la obra. La anécdota es, sin embargo, apenas un pretexto para recrear de modo fantásticamente realista la vida-más que la historia- de aquellos días.

La lectura de esta nueva entrega de Froilán es recomendable por varias razones. A manera de un ingenio futurista logra trasladarnos sin ruedas y sin alas en el espacio y por el tiempo. En apacible viaje salvamos la distancia que nos separa, cualquiera que esta sea, del abrupto escenario del macizo oriental. Más sorprendente aun es el mágico salto sobre el tormentoso devenir de cuatro décadas para alcanzar el prístino resplandor de lo que entonces fue una alborada, y es que en la novela se percibe un distanciamiento del presente y del pasado más reciente, imprescindible para conseguir un acercamiento no contaminado a aquellos momentos.

Algunos lectores lo que más disfrutan es su muy singular lenguaje. Salvando las restricciones de la gramática más ortodoxa, se construye una prosa hecha del hablar propio de los campesinos pero vestido con un ropaje de extraño ritmo y poesía.

En las primeras páginas cuesta andar por ese idioma que nos suena tosco, quizás por lo no habitual:

" Hay que estar loco para meterse por ese calvario de fango y aguas corrompidas, ¿oyó? Ni los puercos jíbaros, cuando los cuquea el hambre, se atreven. Cuesta pedirle a los pies un paso. No caminas. No avanzas. No transcurres ningún trayecto. Por más que te sobresaltes, por más que metas todas las fuerzas que te quedan, no sacas el cuerpo. Te vuelves de plomo cuando te chupa el fango. Te hundes, te pesadillan los sueños y te quedas hasta sin ganas de morirte, por el desmayo y el sofoco que te cae."

A medida que se avanza en la lectura el resplandor de ese lenguaje diferente y melódico se apropia de la atención del lector:

"¿Era viernes en la vida? ¿Qué día inmenso es el que era? Seguramente fue domingo, porque la luz sofocaba por ser tanta. Costaba, más que el fango, ¿oyó?, más que el agua apestante, más que las hojas filosas de la ayúa y la cortadera, apartarla. La luz te empujaba las facciones para atrás, la sombra para atrás, como si soñaras un delirio."

Más adelante cuando uno se ha adentrado en la narración y se ha habituado al idioma del escritor, entonces queda atrapado por los hechos que componen el relato. Se devoran con fruición las páginas que van desvelando detalladamente los acontecimientos, y los pensamientos y emociones que animaban a sus protagonistas. Eso sí, nunca se llega a saber, aunque lo barruntamos, qué parte pertenece al testimonio y cual a la imaginación del autor.

De esa manera, degustando la intriga que siempre representa el contacto difuminado entre realidad y ficción, nos movemos con avidez por las últimas páginas al encuentro del desenlace anunciado.

La editora española consiguió llevar la novela en el año 2001 a la Feria del Libro de la Habana. La obra fue presentada por el autor con una relativa buena acogida en los predios del evento internacional. Era difícil que fuera de otro modo en estos festivales, donde se exhibe al exterior la imagen de una cultura abierta y desprejuiciada. Al interior de la Isla el libro fue y ha seguido sido ignorado por completo. El espeso silencio que lo ha cubierto no ha podido ser quebrantado ni siquiera por una escueta nota de prensa. En modo alguno se trata de una obra contestataria ya que no intenta trascender el momento de génesis de que se ocupa.

Entonces ¿Cuáles pueden ser las causas de esta ausencia de toda referencia o crítica, en torno a una obra que rememora la época de gestación del proceso revolucionario? ¿Será acaso que proviene de un escritor crecido con la revolución y ahora en la diáspora? Intentemos descifrar esta llamativa indiferencia.

Probablemente si fuera la creación de un escritor "comprometido" con la cultura revolucionaria quizás hubiera suscitado una indulgente atención, pero además de la condición de expatriado del autor, es posible sustentar con lógica la tesis de que es la propia novela- aunque desideologizada- la que provoca ese mudo repudio.

La novela no rinde culto al jefe de la guerrilla y ese ya es su primer pecado. Del empeño de Batista en ocultar la presencia del guerrillero dice:

" Aunque Fidel no era un jefe de glorias, no quería que se supiera que estaba vivo."

Craso error ¿Cómo no ser un "jefe de glorias" si ya se había producido el asalto al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, que le dio el nombre a su agrupación?

La imagen de un líder idealista, abierto y sin malicia no se beneficia de la descripción que vemos en el siguiente pasaje:

"Fidel no decía para qué. No soltaba la paloma. Su estilo era medir, calculado, lo oculto de la gente."

Otro pasaje susceptible de incomodar es en el que en contra de todos los criterios Fidel se deshace de las medicinas ya que se puede interpretar, según la experiencia personal de cada lector, lo mismo como manifestación de una férrea voluntad que como signo premonitorio de su autoritarismo contumaz:

" No hubo arreglo. Con Fidel no hay arreglo. Lo que él dice no se contradice."

La imagen no deificada del líder de la revolución se evidencia en el pasaje del encuentro con los dirigentes del llano. La breve semblanza enaltecedora de la actitud de Frank País opaca, por contrapuesta, la del caudillo de la Sierra:

"Frank estaba en su serenidad...Venía de Santiago de Cuba. Allí la cosa sí era en verdad de muerde y huye. No había para donde voltear. O matabas o morías...porque vivían en el morir...Pero la voz de Frank sonó sonora de sonidos...No depuso el llano a la Sierra. Ni tampoco dijo yo...No regateaba ninguna gloria."

La descripción de otra faceta del encuentro entra la loma y el llano completa el contraste de actitudes:

"Faustino habló de crear otro frente en el Escambray, lo cual se aceptó, pero frío, sin ningún entusiasmo de Fidel...Fidel no estuvo de acuerdo que digamos. Masculló entre dientes. Garraspeó...Decía que toda la ayuda debía venir para la sierra Maestra y no para otra parte."

Otros aspectos tampoco se congracian con la Historia Sagrada de los días de la Sierra. Esta nos habla de un campesinado con suficiente conciencia política como para respaldar y unirse a las huestes de los rebeldes, mientras que la novela, en su afán de reflejar con fidelidad la vida, nos habla del miedo que infundían por igual guardias y barbudos:

"Más antes había llegado el tuerto Eligio por la mañana, muy acoquinado como siempre, mirando con recelo para atrás con su solo ojo, a decirle a Fidel que tenía que pitar, que irse enseguida de su finca porque lo podían perjudicar. Fidel se puso molesto , le echó en cara su falta de cooperación y le boconeó: Sépalo: no vamos a irnos de ninguna manera."

Y todavía más claro al contar de la acogida calurosa en una de las fincas :

"Fidel comentó dicho que era el primer lugar donde la gente no nos tenía miedo."

Después el autor, en su afán de aprehender todos los costados de cómo fue la vida, no se ensaña en la culpa del traidor:

"Las traiciones, valga decirlo, sin querer salvar con esto a los cobardes, ¿oyó?, hay que verlas en el tiempo, por todos sus cardinales...Las voces que asoman, ¿oyó?, son siempre muñones. Pedazos rotos. ."

"¿Gritaron? ¿Delataron? ¿La boca que dice los besos no sirve también para escupir?"

"¿La justicia es un disfraz de la venganza?"

El conjunto de estas citas, intencionadamente seleccionadas, no contradice el carácter desideologizado de la novela. No faltarán lectores que verán en el relato, al fijar su atención en otros pasajes, un canto de alabanzas a las vicisitudes y sacrificios por los que pasaron los iniciadores del controvertido proceso que ha llegado a nuestros días.

En realidad no hay culpa en reflejar las posibles imperfecciones humanas de un líder, ni en presentar los temores que acecharon a las gentes en un momento dado, tampoco en el intento de exponer la intrínseca complejidad de la traición. La culpa está en los que protegen la deificación de un hombre, la tergiversación de las circunstancias emocionales que prevalecieron en una etapa determinada o interpretan en forma maniquea las realidades humanas.

Lo que sí es una constante que recorre toda la extensión de este largo viaje de ceniza es el cuestionamiento de la historia, las limitaciones inherentes a toda visión individual o, peor aun, a toda versión "oficial" porque esta última se presenta con la fuerza de lo múltiple cuando responde a una sola voluntad. Veamos algunas de esas estaciones del viaje:

"Cuando la historia cuenta la vida, deja fuera la vida: pero después la vida vuelve para decirnos: Todos al algún momento, faltamos con traición a nosotros mismos.

Se oculta el envés en el revés. Es pícaro el olvido: astucia, amnesia, anestesia.

La verdad de la historia no está nunca en una sola boca.

¿La historia guarda, contrita, lo que fue? ¡Quién sabe! Donde está el silencio hubo un rumor. Escarbe para que vea...Escarbar en las voces es escarbar en el tiempo. El que descubre su sombra, se ensombrece..."

A la luz de este análisis se puede comprender el mutismo de la crítica, en la patria del autor adonde fue presentado el libro.

Los cubanos de adentro y de afuera proclamamos la necesidad de salvaguardar la cultura que nos identifica, pero no todos somos consecuentes con ello. Apreciar, valorar, al menos reconocer la existencia de las obras de nuestros escritores más allá de distancias geográficas o ideológicas es un mandato ineludible para nuestra generación. Lo contrario sería una traición a esa cultura, porque como dice Orestes Oreja, protagonista de esta novela:

"Todos somos traidores cuando cometemos silencio. La historia no la hacemos todos, pero el silencio sí lo hacemos todos."

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