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Yo que no sé decirlo

Por Ramón Fernández Larrea

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la estropeada la tonta la sublime
ella que tanto fue camisa y blasfemia
la que murió en el abuelo en la ceniza de sus ojos
desde un portal y en otra sangre
yo que no sé decirlo
amamantado lento con una rota ola
yo que no la he besado que me acosté sobre su vómito
la temblorosa la sacada a cañonazos de sus pequeñas casas
de sus casitas del matorral del torbellino
que odia mi tía a quien nadie nunca
le mordió la pepita o le dijeron un piropo
ella la desahuciada la que no sé nombrar
la que me inunda la que me da leucemia
esa que quiero ver y que tampoco
yo que nunca aprendí a pronunciarla
a llamarla a decirle algo tenue
como a una muchacha que se pone mi cuerpo
la que enardece la que se vuela la que se bate en una cuarta de tierra
la que se asciende la que nos va a asfixiar la que está en un retrato
debajo de un sombrero de yarey la del mago
dentro de un jipijapa la que mi otro abuelo maldecía
la de clorinda madre de todas mis madres
lavando sedas sirviendo platos de un raro esplendor
la que se fue por el tragante está en la punta de la piragua
la secuestrada fronteriza la que han estrangulado
con una palabra del pobre tipo martí
yo que no sé decirlo
que me alejé para soñarla
para verle los senos que alguna vez tendrá
yo que la espío que le presto mi rabia
mi pedacito y mi fulgor
yo que nunca sabré si se pronuncia de ese modo
la que me hermana aquella que divide la que me pone franjas
rejas tractores libros de historia saqueados
la que sé que no es incompleta la hirsuta
la que fuma en la esquina
en una punta de mi muerte yo que aprendo a decirlo
yo que nunca lo supe que me arrancaron sus lenguas
yo que sabré gritarlo sobre el agua o la sangre
la pequeñita otra la que no sé si esperará
en la guásima debajo de un mamey
la república.

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