Mucho se ha dicho y discutido, desde una y otra orilla, sobre el peso intelectual del pensamiento martiano en el proceso que aún se quiere hacer conocer como la “revolución cubana”. Nuestra generación, la anterior y la que nos sigue, han sido bombardeadas por todo tipo de citas y lemas extraídos de las obras del Maestro, en apoyo a lo que hace el gobierno en Cuba. Nadie puede olvidar que según Fidel Castro, José Martí fue el autor intelectual del fallido asalto con el que comenzó la revolución. Recuerdo que durante los años de mi infancia y adolescencia, muchas veces se comparaba a Martí con Lenin y Karl Marx.
La lectura profunda y analítica (eso que tantos decimos haber hecho, pero que muy pocos en realidad han acometido) de la obra martiana nos presenta con evidencias claras de la farsa de la que fuimos víctimas. El Apóstol jamás gustó de las teorías burocráticas y a la vez violentas del socialismo europeo o norteamericano de finales del siglo XIX, que son, al final, los predecesores ideológicos del régimen que se instauró en Cuba en 1959, o al menos así lo ha afirmado, a lo largo de estos años, su máximo dirigente.
Como hombre justo, tuvo palabras amables para Karl Marx a la hora de su muerte. Pero en el mismo artículo donde le halaba por estar “de parte de los pobres”, critica abierta y evidentemente sus teorías de la “lucha de clases” y advierte al lector del peligro de las mismas.
Resultaría extremadamente largo y engorroso tratar de cubrir todos estos aspectos del pensamiento de Martí en un solo artículo. Por eso, hoy les traemos un fragmento del segundo capítulo de un libro que se dedica precisamente a esto. “El único José Martí. Principal opositor a Fidel Castro” del escritor y ensayista cubano exiliado en Canadá Ismael Sambra, analiza de manera “fáctica” y bastante clara, las verdaderas posiciones martianas con respecto a los postulados principales de la teoría marxista e incluso sus proféticas palabras respecto a los métodos que V. I. Lenin convirtiera en catecismo con su “Teoría de la revolución”.
Las razones por las cuales un trabajo como este jamás será publicado en Cuba bajo el actual régimen huelgan ser explicadas. Mientras tanto, esperemos que alguna copia de este libro o de cualquier trabajo similar, llegue a manos de los jóvenes cubanos, para que despierten a tiempo de la falsa imagen de Martí que les han inculcado. Es terrible ver la reacción de algunos miembros de nuestra generación cuando el nombre del Apóstol es mencionado en su presencia. Muchos, desgraciadamente, se han creído lo que les han contado. Esperemos que este trabajo contribuya a la iluminación de muchos con respecto al tema.
CAPITULO DOS.
USTED NEGÓ LA LUCHA DE CLASES Y EL COMUNISMO.
José Martí fue testigo, en los años que pasó en el destierro, de una época excepcional, de agitaciones y convulsiones sociales, de protestas de obreros que pedían la reducción de la jornada laboral, mejoras en los salarios, en el nivel de vida. El pudo conocer, sobre todo en los Estados Unidos, de estas protestas, y de cómo los líderes, influenciados y compulsados por las ideas anarquistas y socialistas, pasaron a las acciones y demostraciones violentas, al terrorismo, al crimen, en el afán de reclamar derechos y/o alcanzar el poder.
Martí vivió y analizó las luchas intestinas entre capitalistas y obreros, entre ricos y pobres, agudizadas ya con el desarrollo de la industria y la producción, la aparición de nuevas maquinarias y fórmulas tecnológicas que producían al mismo tiempo un mayor desempleo. Vivió y analizó las diferencias creadas por la desigual distribución de las riquezas. Y todo este ambiente social le hizo entender y adoptar una clara visión, una definida posición ante tal situación, ante las pugnas surgidas, ante las diferencias sociales creadas por la posesión de bienes y/o de los medios de producción en la sociedad.
No existen las clases sociales.
Martí estuvo, en primer lugar, en contra del reconocimiento de la existencia de clases sociales; y en segundo lugar, en contra de la lucha violenta, de las protestas violentas para las reclamaciones de derechos ciudadanos; en fin, en contra de la lucha violenta y llena de odio a la que exhortaban, a través de panfletos y discursos, los líderes del anarquismo y el socialismo, que, con algunas diferencias, se unían en la esencia terrorista, sobre todo en esto de compulsar violentamente a los obreros contra los capitalistas, contra el capital. “Hermanar es nuestro oficio -nos dejó dicho-. No hay más que dos clases entre los hombres: la de los buenos y la de los malos. Enoja oír hablar de clases. Reconocer que existen es contribuir a ellas. Negarse a reconocerlo, es ayudar a destruirlas.” !
Martí confió siempre en el entendimiento, en la conciliación para la solución de los conflictos, para la solución de las diferencias surgidas en la sociedad.1
Negó el uso de la violencia siempre, a pesar de que “los hombres inferiores ven con ira la prosperidad de los hombres adinerados, y éstos ven con desdén los dolores reales y agudos de los hombres pobres.” !!
1.Martí reafirma este criterio en diferentes escritos: “Tres grandes vías tiene la oposición en los países libres: la palabra, las cámaras y la prensa.”(“Oposición Actual...”, en Martí en México , Colección Metropolitana, México l974, T.2, p.6).

