Soneto del conjurado
a David Landau y Rodrigo
Las horas se me van en un suspiro.
Conspirar contra mí fue un lujo enorme:
bastaba con cambiarme el uniforme,
mudar de piel, vestirme de vampiro,beber la intransigencia del Capricho,
la sangre amiga que tiñó el Proceso
y bastaba aplaudir en el Congreso
cada contradicción del Susodicho.La ciudad reinventó sus mil jugadas.
Mis delatores fueron mis hermanos.
La celda hoy duele, pero no amenaza.Soy la guerra, el amor, las barricadas.
Escribo con grilletes en las manos.
Mi isla es una prisión: ¡ya estoy en casa!

