Elogio del poeta preso
Malvivo en un país de soledades
-isla de circunstancias patrioteras,
cubil lleno de sangre y de banderas-,
paisaje dividido en seis mitades.
Despierto en una tierra inoportuna,
-espejo de verdugos camuflados,
horizonte de olvidos desterrados,
cementerio global de la fortuna-.
Me queda poco: un perro, una guitarra,
un libro confiscado, un cenicero,
las cuatro esquinas de mi manicomio
y una voz que me salva y me desgarra.
Hoy me voy a llamar Raúl Rivero.
Hoy mi mujer será mi patrimonio.

