Décimo número, que para algunos tendrá ignotas connotaciones mágicas, que eludirán la imaginación de otros muchos. Ha sido un mes de dilaciones debidas al trabajo, insistentes cordales (muelas del juicio, para aquellos que nos visitan desde latitudes no acostumbradas al “cubano”), más trabajo, falta de tiempo y ausencias más o menos justificadas.
La Otra Ventana felicita con atraso al amigo, colaborador y excelente poeta y novelista Alberto Lauro, quien recibiera el premio Odisea de la editorial homónima por su novela En brazos de Caín.
No se puede dejar de mencionar los últimos acontecimientos en Cuba. Una mezcla de excarcelaciones inesperadas (pero bienvenidas por el oxígeno que vienen a ofrecer a la oposición democrática en la isla) cuyos motivos ulteriores están aún por demostrarse (siempre hay que contar con los planes adelantados del Titiritero en Jefe); las veleidades del gobierno socialista español que baila “por bulerías” con el régimen del susodicho mientras que otros prefieren ponerlo en evidencia y otros tantos le dedican editoriales desgarrados que justifican y no muy disimuladamente apoyan esta danza medio macabra y tragicómica, por motivos que es mejor no discutir. Nosotros preferimos no darle un voto de confianza o desconfianza a nadie, sino simplemente dejar que por sus acciones, más que por sus palabras, ellos mismos definan sus posiciones.
Párrafo aparte se merece el episodio de la “gran caída” o lo que ya muchos deben de llamar en la isla “el boniato de Fidel” o “el Castroboniato”. Ese suceso que tuvo el privilegio de convertirse en el “Moment of Zen” del programa norteamericano “The Daily Show” con Jon Stewart (una suerte de “política cómica” de la televisión por cable del siglo XXI); que recorrió las principales fuentes noticiosas del mundo al haber sido recogido en directo por las cámaras televisivas de la prensa internacional, que se convirtió en la fuente instantánea de los chistes de media humanidad y que evidencia (como ya muchos han dicho) la verdadera esencia de la dictadura cubana, una gerontocracia frágil sostenida solamente por la presencia aparentemente interminable de aquel cuyo peso le hizo caer estrepitosamente sobre unos huesos tan cansados y débiles como la estructura misma de su régimen.
Ha servido este “Moment of Zen” como preludio a una de esas alocuciones casi diarias, donde esta vez (con el brazo en cabestrillo y ojos que revelan lo que hace tiempo debía de haber sido evidente para muchos: la demencia se adelantó en su caso por mucho a la senilidad manifiesta), el Esperpento en Jefe (tan apropiado en estos días pasados de Halloween) borró de un plumazo verbal la circulación del dólar, esa moneda del enemigo que el régimen tanto codicia. Se hace esto, según el personaje en cuestión, para cortar la ayuda del exterior que recibe la oposición dentro de la isla. Es, sin embargo, notable que este hecho evidencia algo que a muchos se les escapó de la perspectiva hace unos meses: que a él le importan tres pepinos cosas tan triviales como la estabilidad familiar de los cubanos, la subsistencia misma de un pueblo entero o a salud mental y física de los mismos. Curioso que luego de unos meses en los cuales régimen y ciertos sectores del exilio parecieron hablar el mismo idioma cuando se trataba de las famosas medidas del presidente norteamericano, el primero deje a los segundos perplejos al sacar de circulación la “moneda dura” para los cubanos y hablar públicamente de lo que hace mucho se sabía, pero nunca se había discutido: los fuertes impuestos a las remesas de dinero que se envían desde el exterior a los millones de cubanos que las reciben.
De todo esto y más tratan los artículos que traemos en este número, por eso, sin dilación, damos por abierto el décimo número de La Otra Ventana.


